Deja ir los rencores

Si como dice la frase “la verdad nos hará libres”, perdonar de corazón y desde lo más profundo del alma puede otorgarnos además de libertad, sanación física y emocional. Hay quienes creen que sólo Dios es capaz de perdonar, porque suelen considerar que la idea de perdón está más relacionada con la religión que con la psique del individuo, y es que también se conocen al día de hoy los beneficios de soltar los resentimientos, a tal grado que, a partir de las nuevas concepciones del aparato y el funcionamiento psíquico (soma, cuerpo, psiquis), parece ser que perdonar puede servir incluso para prevenir enfermedades como el cáncer.

El punto que toca la célebre y bien conocida tragedia de “Romeo y Julieta” nos muestra que parece imposible que las personas consideren el perdón como la fórmula para evitar una desgracia de alcances tremendos que, además de evitar la muerte de dos personas, hace más y más latente el odio entre familias que con el tiempo se convierte en el veneno que a la larga los termina matando a todos.

Los sentimientos negativos guardados, dividen a las familias

Así funcionan el odio y el resentimiento en el interior de una persona, al permitir que estos sentimientos se vayan acumulando con el tiempo y se conviertan en una carga de la cual si no está dispuesta a deshacerse, le resulta muy pesada de llevar y puede incluso contagiar a las personas que están alrededor tuyo. Con las relaciones tan profundas y en ocasiones intrincadas que se dan entre los miembros de la familia sucede que tras haber ocurrido una situación de conflicto, en alguno queda odio o resentimiento, por lo que las personas suelen permitir que con el paso del tiempo los sentimientos negativos dividan a la familia.

La preferencia de los padres por alguno de los hijos, el ganarse el cariño y la atención paterna, el trato recibido de la pareja con los años, la atención que ésta brinde a la relación y el lugar que se ocupa en la vida del otro son, todos ellos, factores emocionales que acompañan el proceso familiar, a la vez que, a menudo, causantes de conflictos al interior del grupo. Es bien sabido el efecto que tienen sobre las familias las cuestiones financieras cuando de ambición, disolución de lazos afectivos y disputas sinfín se trata —en casos más graves, la muerte de alguno de los miembros con tal de obtener un bien o dinero en efectivo—.

No se puede restar importancia al hecho de que cada persona decide sus sentimientos respecto a lo que ocurre en su vida y su entorno. Y es que dependiendo de la forma como hayamos sido educados, nuestra propia genética y las elecciones que como adultos tomemos en torno a las situaciones, es así como vamos a actuar ante la disyuntiva de exigir u otorgar el perdón.

El proceso no es sencillo, algunas veces el primer paso es perdonarse a uno mismo, por lo que haya quedado irresuelto en el pasado o porque las cosas no fueron como se pensaba, esto nos hace “soltar el costal”, cerrar el círculo y seguir hacia adelante. Cuando no dejamos ir odios y resentimientos estamos atrapados en el pasado, perdonar no hace olvidar lo sucedido ni evitar que suceda a futuro, pero libera del ayer y nos permite instalarnos en el ahora. El perdón beneficia más al que lo da que a quien lo recibe, ya que aunque la otra parte no esté lista para disculpar la falta cometida, quien se disculpa se siente bien interiormente y se libera de un gran peso.

Primer paso: perdonarse a uno mismo, luego pedirlo y así cerrar el ciclo

Cuando existe distancia con los padres, los hermanos, los primos, los tíos u otro familiar muy querido perdonar puede parecer algo muy difícil de lograr, porque los sentimientos de odio y venganza se mantienen latentes, al grado tal que al recordar la ofensa volvemos a sentir enojo, lo que nos exige una gran cantidad de energía y tiempo que, además de innecesario, se traduce en el cuerpo como baja de defensas, aumento de la presión de la sangre, generación de estrés y tendencia a la depresión. Estudios revelan que el cáncer tiene origen en situaciones ocurridas o conflictos sin resolver que llevan incubados hasta 10 años antes de que la enfermedad sea detectada; así, es posible que otorgando el perdón o pidiéndolo se pueda detener la evolución energética del padecimiento.

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